La mujer durante la Guerra Civil en Toledo

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Con el inicio de la sublevación militar en julio de 1936, la vida de la mujer quedó trastocada en todo el territorio nacional. Años atrás, se había conseguido una mayor presencia femenina en numerosos ámbitos políticos y sociales, consiguiendo una fuerte autonomía en su vida pública e incluso privada. Como en todos los conflictos, la sociedad quedó dividida y la mujer sufrió esta división según el poder establecido en cada zona. Muchas sintieron el deber de defender la República y la democracia, que las había permitido tener un importante papel más protagonista en la política española donde destacaron figuras como Margarita Nelken o Dolores Ibárruri. Con el golpe, en las zonas sublevadas y en los terrenos que se iban conquistando, se establecieron unos ideales más conservadores. Esa imagen tradicional de la mujer española se acrecentó, ejerciendo un puesto secundario en la retaguardia y, en general, una mujer más relacionada con el hogar, al servicio de su marido y de sus hijos. 

Analizando las fotografías realizadas en la ciudad de Toledo durante el asedio del Alcázar en 1936, nos encontramos con dos diferentes realidades o dos modelos representativos de mujer muy distantes entre sí; por un lado, la mujer combativa y miliciana, por otro, la mujer establecida en el interior del Alcázar bajo el asedio de las fuerzas republicanas. 

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Miliciana a su llegada a Toledo en julio de 1936 (Foto Piortiz / ABC).

Toledo republicano 
El apoyo al gobierno va a tener una gran participación de mujeres que, en las primeras horas de lucha, van a empuñar las armas junto a los hombres y militares leales para luchar contra el levantamiento. Es una imagen social totalmente nueva en el país y por eso la prensa va a realizar numerosos artículos y, sobre todo, reportajes fotográficos que se van a publicar en los periódicos y revistas de todo el mundo. 

Con Moscardó y sus hombres ya encerrados en el Alcázar y los edificios pertenecientes a la Academia militar, la llegada de milicianos y milicianas a la ciudad es masiva. Viajan desde Madrid y los pueblos de alrededor para participar en el asedio y con estos, los reporteros gráficos, que acompañan a las columnas para cubrir los hechos. Así pues, serán numerosas las referencias al asedio en las publicaciones nacionales e internacionales siendo acompañadas por fotografías, en muchas de las cuales aparecen mujeres participando en la lucha. Es una nueva imagen que vende muchísimo, que choca con la realidad, y eso se explota al máximo en la propaganda.

Cuando se establece el cerco y las calles toledanas van a cerrarse en torno al Alcázar mediante alambradas y barricadas, las milicias ocuparán diferentes edificios creando comités y cuarteles para poder alojar a todos los milicianos y milicianas. En las barricadas, las milicianas van a posar para los reporteros, empuñando pistolas y fusiles Mauser, disparando contra la fortaleza o los reductos sublevados. Recrearán escenas de combate, aunque bien es cierto, que no existía un peligro directo en el momento en el que dichas instantáneas se realizaban. 

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Mujeres empuñando las armas durante el sitio del Alcázar.
Barricada localizada en la Cuesta de San Justo y Pastor (Foto Wikimedia Commons).

Comprobamos como las vestimentas entre las mujeres van a cambiar, comenzando a aparecer posados en las que llevan monos de trabajo, pañuelos al cuello y los correajes típicos de los milicianos. Estas milicianas llegaron a formar parte de una unidad muy heterogénea como fuerza combativa junto al resto de hombres pertenecientes a las milicias. Otros documentos gráficos nos muestran grupos de milicianos y milicianas retratándose en las barricadas junto a su armamento, en escenas y posturas que recuerdan mucho a las de la Revolución Mexicana años antes. Algunas de estas imágenes las realizaron fotógrafos extranjeros como Gertda Taro y Robert Capa, sabiendo el poder que tendrían estas instantáneas publicadas en Europa. 



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Miliciana en una barricada en el Museo de Santa Cruz durante el asedio del Alcázar de Toledo.
(Colección V. Doherty / Archivo Municipal de Toledo).


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Miliciana participando en un tiroteo desde una barricada en el Museo de Santa Cruz en Toledo. 


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Milicianos y milicianas pertenecientes a la Escuadra Sanguina Grupo nº 65 del Batallón Pasionaria
en la barricada de la plaza de Zocodover en Toledo. 


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Milicianas en la calle Armas cerca del Miradero.
(Foto Magnum / Robert Capa).
Se pasó a un lenguaje común de camaradería. Todos eran compañeros y/o compañeras. La propaganda utilizó la imagen de las mujeres para crear esa identidad unitaria y motivar el alistamiento, no directamente de las mujeres, sino de los hombres que se encontraban en la retaguardia e intentaban evitar ir al frente. 

Otros detalles que recogen las fotografías realizadas a mujeres son el reflejo de una situación de tranquilidad en las zonas de combate, como así podemos ver en la conocida fotografía de dos mujeres sentadas sobre los sacos de la barricada en la calle Armas, vestidas con uniforme de rayas, gorrillos y comiendo uvas, mostrando al público una situación de calma. Parece que todo está controlado, sin embargo, es una imagen irreal, ya que la fotografía está realizada pocos días antes de la llegada de las fuerzas de Varela que acabaría con el asedio del Alcázar, dando lugar al inicio de una fuerte represión en Toledo. A pesar de esa escenificación, la fuerza propagandística es enorme y esta imagen tiene mucho poder en ciudades como Madrid y Barcelona, alejadas todavía del frente directo. 




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Milicianas sobre barricada en la calle Armas (Foto Hans Gutmann)

Aunque en el bando republicano, muchas mujeres tomaran partido y apoyasen al gobierno, no todas optaron por empuñar las armas y participar en los combates. Muchas se dedicaron a tareas de intendencia, apoyo en la retaguardia, puestos de socorro, vigilancia, etc. En Toledo, vamos a encontrar fotografías en las que aparecen enfermeras, que acaban de llegar a la ciudad, posando para el reportero gráfico. Alguna se muestra con el puño en alto, otras orgullosas con sus uniformes blancos y la cruz roja en su manga. Otro ejemplo es la imagen que capturó David Seymour Chim en la que se nos muestra una joven trasladando a un hombre herido en la cara atravesando los escombros de la calle Santa Fe y la plaza de Zocodover. También, Mijaíl Koltsov, periodista y hombre de Stalin en España, tomó la fotografía donde una enfermera cura al teniente coronel Luis Barceló en su puesto de Zocodover, rodeados de diferentes oficiales republicanos.

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Enfermeras a su llegada a Toledo en julio de 1936 (Foto ABC). 
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Herido cerca de la calle Santa Fe (Magnum Photos / David Seymour Chim).

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El teniente coronel Barceló herido tras un asalto contra el Alcázar.
(Foto WikimediaCommons / M. Koltsov)

Una foto muy peculiar está realizada en la subida de la calle Real del Arrabal, cerca de la Puerta del Sol. Dos jovencísimas milicianas portan un canasto lleno de pan, imaginamos que para distribuir entre las fuerzas sitiadoras. Ambas muestran su orgullo al fotógrafo, saludan con el puño en alto, mientras un camión lleno de milicianos asciende por la calle. Hay un contraste en esta imagen que es muy llamativo pues a escasos metros, detrás de las muchachas, dos mujeres de mediana edad con grandes bolsos y vestidos veraniegos con estampados florales, observan tranquilamente la escena. Son parte de la población civil que ha permanecido en Toledo, en sus casas, no llegando a tener una participación directa durante la guerra. 


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Milicianas portando pan en la calle Real del Arrabal en Toledo (Foto Marín). 

La población civil también va a ser fotografiada en Toledo durante el verano de 1936. Las madres con sus hijos, en algunos casos de muy corta edad, serán objeto de los periodistas y los reporteros debido a la presencia de familias muy cerca de las zonas de peligro durante el sitio del Alcázar. Algunas de estas escenas pueden verse en las fotos que realizó Alfonso de los vecinos de la barriada de San Justo. 


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Unas instantáneas muestran a grupos de mujeres posando con el puño en alto, otras junto a jóvenes milicianos, tal y como retrató Koltsov. Su indumentaria choca con respecto a las portadas por las milicianas que se encuentran en las cercanías de las barricadas y de las posiciones de vanguardia, pero no resalta tan solo esto, sino también sus caras pues frente a ellas, estas no sonríen a la cámara, es patente la tensión en su mirada. Ese hieratismo refleja casi un sentimiento de rechazo o miedo entre las mujeres retratadas. 



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Frente a aquella acusada rigidez, incluso nos encontramos ante otras instantáneas que nos muestran la charla distendida entre milicianos o guardias de asalto con la población civil, sobre todo con las mujeres. Estas escenas muy veraniegas, a la sombra de los árboles o de las propias calles toledanas, fueron tomadas por David Seymour Chim en septiembre de 1936 siendo realizadas en la calle de la Plata y la plaza de San Vicente, espacios muy concurridos por las milicias en Toledo. 


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Durante la presencia de las milicias republicanas en Toledo, los comités de cada organización actuaban con cierta libertad en la ciudad. Alguna documentación que nos ha llegado, por fotografías impresas en los primeros libros escritos sobre el asedio como los de Joaquín Arrarás, son vales sellados por algunos comités toledanos. Estos vales son muy conocidos por la red, han sido objeto de estudio y de diversos debates en foros especializados. Sin poder confirmar la autenticidad de los documentos, no podemos obviar el contenido de estos escritos. Os dejo dos ejemplos conocidos, uno de ellos es un "Vale por diez dormidas con el camarada Juan Palomeque con la mujer que quiera" y el otro un "Vale por seis porvos con la Lola". Ambos llevan los mismos sellos del Comité de Milicias y Defensa de la Ciudad de Toledo y del Secretariado Provincial de alguna agrupación desconocida, ya que es ilegible el resto de la información en el sello. 






Interior del Alcázar 

El conjunto de personas establecidas en el Alcázar de Toledo durante el asedio fue de un total de 1785, según datos de la Hermandad Santa María del Alcázar. Entre el personal civil, destacaban las mujeres mayores de edad, las jóvenes y las niñas, sumándose cinco monjas que se refugiaron los primeros días aguantando durante todo el asedio. La población civil se alojó en los sótanos de la fortaleza, lejos del peligro de las bombas y los combates. Los testimonios recogidos en la diversa bibliografía escrita inmediatamente al finalizar el asedio y años después, muestran como la dureza del asedio afectó a niños y mujeres, que entre ellas mismas se apoyaban, mientras los hombres empuñaban las armas. Recordemos que incluso el personal civil masculino fue militarizado para defender el baluarte. Algunos grupos de mujeres participaron en actividades sanitarias, recibiendo a los heridos que llegaban desde los puntos clave de la defensa. José Mª Barranco Gil comenta en su libro "La defensa del Alcázar de Toledo" como el rezo diario del Rosario se hizo común entre las mujeres y entre algunos defensores que tenían las horas libres. Las condiciones de vida eran muy extremas en el interior. La comida escaseaba y estaba racionada, así como el agua. La higiene personal estaba muy limitada y el miedo se extendió de manera general en algunos momentos de ataque republicano. Mantener la calma y la firmeza eran claves para preservar la moral. La visita del canónigo Vázquez Camarasa o los ruidos subterráneos de la mina no mermaron en las mujeres, que se mantuvieron junto a sus familiares y en grupo para tratar de ayudarse unas a otras junto con los niños, enfermos y heridos. 

Todas las fotografías del interior del Alcázar se realizaron tras la finalización del asedio el 28 de septiembre de 1936 y en fechas posteriores. Algunas familias y defensores tuvieron que permanecer varios días más en los sótanos del Alcázar hasta poder ser realojados en octubre del 36.



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Mujeres en el interior de la fortaleza tras el asedio (Foto Hermandad Santa María del Alcázar).

Las primeras fotografías que se realizaron dentro del Alcázar retratan a las supervivientes en los sótanos, rodeadas de sus objetos personales, colchones, mantas, etc. No hay alegría en sus rostros salvo alguna leve y tímida sonrisa forzada para el fotógrafo. Han aguantado encerradas durante 70 días los bombardeos republicanos, el hambre, la falta de higiene, sin apenas luz, etc. Aparecen vestidas con la misma ropa con la que entraron al edificio entre el 18 y el 21 de julio de 1936. 


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Familia en el interior del Alcázar de Toledo. 

Se fotografían varias mujeres en grupo o miembros de una misma familia con el padre o el hijo como defensor y los niños pequeños. En otras imágenes aparecen los juguetes con los que llegaron los niños, muebles y elementos del Alcázar que pudieran servir durante la convivencia, algún candil rudimentario para iluminar las estancias, etc. Niños muy pequeños, bebés en algún caso... Recordemos que hubo dos partos en los sótanos durante el asedio y dos muertes de mujeres por causas naturales.


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Grupo de mujeres y niños junto con un ¿defensor? (SZ-Photo).


toledo guerra civil asedio alcázar mujeresLos enfermos y heridos también fueron fotografiados por los reporteros, que buscaban elementos propagandísticos claves para las publicaciones que posteriormente inundaron periódicos y revistas. Fueron retratados junto a mujeres, en algunos casos, familiares de algunos de estos heridos. En una de estas fotografías aparece un joven defensor tumbado, tapado con una manta, su fusil y cartucheras cerca y un grupo de mujeres con algunos jóvenes posando cerca del herido. Una de las mujeres sostiene a una niña, herida en una pierna. 



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Otra vez, caras totalmente inexpresivas, ojos cansados por la falta de sueño, reflejo de la dura vida en el interior del Alcázar. Pocos años después, en 1940, se estrenará la película "Sin novedad en el Alcázar" que narra los acontecimientos del asedio con actores españoles e italianos. Algunas escenas de la película representarán el papel de la mujer, con los valores que el franquismo inculcará en la inmediata posguerra, en el interior del Alcázar. Muchas de estas escenas reflejan la atención de las mujeres con los heridos. 


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Fotograma de la película "Sin novedad en el Alcázar".

No podemos dejar olvidadas a las mujeres que estuvieron en el interior del Alcázar en calidad de rehenes. Destaca la secretaria del Gobernador Civil de Toledo que, según algunas fuentes, era de izquierdas y estuvo separada en todo momento por no ocultar su satisfacción cuando caían las bombas sobre la fortaleza. También la mujer y la hija del teniente de alcalde de Toledo, Domingo Alonso Jimeno, que el 24 de julio fueron secuestradas en la calle de la Sierpe. Alonso forcejeó contra sus captores y acabó herido allí mismo, viendo cómo se llevaban a su familia al interior del Alcázar. 



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Fotograma del noticiario italiano Luce. 

La llegada de las tropas de Varela el 28 de septiembre dio por concluido el asedio del Alcázar. La prensa que acompañaba a las columnas del Ejército de África fueron los que fotografiaron al personal en el interior del Alcázar. Las cámaras de los noticiarios rodaron escenas entre las ruinas, en la plaza de Zocodover o las calles cercanas al propio Alcázar. En algunos de estos noticiarios aparecen varias mujeres transportando enseres, bajando por la calle Venancio González, cerca del Paseo del Miradero. 




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Fotograma Brithis Pathé.
En otra imagen, una joven mujer habla primero con un militar, se gira y, mirando directamente a la cámara, rompe a llorar. Son imágenes muy duras, que reflejan el caos que reinó en las horas posteriores tras la finalización del cerco republicano. Muchos defensores que eran de Toledo, al salir del Alcázar, recibieron las malas noticias de las represalias acaecidas sobre sus familiares, que se habían mantenido en la ciudad durante los meses del asedio. 



Tras la guerra, las ruinas del Alcázar serán objeto de visita turística para conocer, en el mismo lugar, la gesta del Alcázar toledano. Hay multitud de fotografías de las visitas que se realizaban al patio o a los escombros de las torres y los embudos de las minas. Acompañadas de personal militar o miembros de la Guardia Civil, que también visitaban las ruinas, las mujeres ascendían en zapatos por los escombros para fotografiarse. 



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Visita a las ruinas del Alcázar. Fachada oeste. 

A través de las fotografías hemos visto las diferencias entre las milicianas que asediaban el Alcázar y las que se encontraban en el interior de la fortaleza junto con sus familias. La Guerra Civil marcó la vida de todas estas mujeres. En octubre de 1936, la mujer republicana tuvo que abandonar las armas. El nuevo Ejército Popular de la República limitó las actuaciones femeninas exclusivamente a zonas de retaguardia e intendencia prohibiendo su participación, salvo algunos casos, en las posiciones de vanguardia. Las mujeres en el bando franquista quedaron relegadas a un segundo plano, construyéndose una idea de mujer conservadora, silenciosa y dedicada a la familia. 

Esta entrada es un homenaje a todas las mujeres, indistintamente del lado en el que participaran, que sufrieron los desastres de la guerra, la represión, la pérdida de algún ser querido o la propia vida misma y que en muchos aspectos quedaron olvidadas con el paso del tiempo. 



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