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¿Quién es quién? Corresponsales, militares y otros curiosos en las ruinas del Alcázar de Toledo (1936)

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A las diez de la mañana del 28 de septiembre de 1936, la ciudad de Toledo quedó en poder de las tropas del general Varela. El asalto, que apenas se prolongó durante algo más de veinticuatro horas desde el norte, logró desalojar las defensas republicanas en torno a la población. Al día siguiente, el general Franco entraba en las ruinas del Alcázar junto a soldados y oficiales, ademas de los corresponsales de prensa que deseaban captar las primeras impresiones tras el largo asedio.

Fotografía de Franco en las ruinas del patio del Alcázar de Toledo tras el asedio en 1936
El general Franco se dirige a las tropas y a los defensores del Alcázar tras acabar con el asedio.
Fotograma HMN.  

Los periodistas y reporteros gráficos que acompañaban a las tropas del Ejército de África no solo elogiaron el rápido avance y el auxilio a los defensores del Alcázar, sino que también relataron y documentaron las duras escenas observadas en las calles de Toledo sobre la brutal represión ejercida en la ciudad. Muchos de los presentes, extranjeros en su mayoría, quedaron olvidados durante años, y hoy podemos recuperar su labor gracias a la documentación audiovisual conservada (principalmente diferentes fotografías y los brutos de la Hearst Metrotone News). Vídeo completo aquí a partir del min. 5:28.

Corresponsales extranjeros en las ruinas del Alcázar de Toledo
Ascenso por los escombros del Alcázar de los corresponsales extranjeros. HMN.

La primera escena dura pocos segundos, pero no puede tener más fuerza. Mientras con peligro, y ascendiendo lentamente entre los escombros, dos guardias civiles defensores del Alcázar están en lo más alto observando al grupo de periodistas que se acercan a las ruinas.

De manera inicial, conviene destacar la presencia de los dos principales oficiales de prensa encargados de supervisar y orientar a los periodistas desde agosto de 1936. Al frente del grupo se encontraba Luis Bolín, jefe del Servicio de Prensa del Cuartel General de Franco. Bolín, vestido con el uniforme de capitán de la Legión, se encargó de controlar rigurosamente el trabajo de los periodistas para evitar la difusión en el extranjero de informaciones que pudieran resultar perjudiciales para la causa sublevada.

El oficial de prensa Luis Bolín en las ruinas del Alcázar de Toledo
El oficial de prensa Luis Bolín a la cabeza del grupo de corresponsales en las ruinas del Alcázar.

El segundo era Gonzalo de Aguilera Munro, conde de Alba de Yeltes y capitán de Caballería retirado desde 1931. Aguilera Munro dominaba varios idiomas y al iniciarse la sublevación militar se presentó ante el general Mola en Burgos para ofrecer sus servicios, siendo agregado al Estado Mayor de la 6.ª División como oficial de prensa. Prácticamente todos los periodistas y personalidades que trataron con él mantenían un recuerdo negativo de su figura, percibiéndolo como un censor estricto ante el trabajo de cada profesional, que tenía perfectamente controlado en sus anotaciones con número de pasaporte, nacionalidad y agencia o medio responsable.

El oficial de prensa capitán Gonzalo de Aguilera a las afueras de Toledo
El capitán Gonzalo de Aguilera Munro a las afueras de Toledo en 1936. 

Y entre los corresponsales, el primero de todos subiendo por los escombros detrás de Bolín es Ebbe Munck (1905-1974). De origen danés, Munck era explorador, periodista y diplomático. Fue una figura clave de la Segunda Guerra Mundial como portavoz y representante en Estocolmo del Consejo Danés de la Resistencia, organizando misiones secretas y tareas de sabotaje. Como corresponsal cubrió la guerra de España para el diario Berlingske Tidende de Copenhague, y posteriormente la Guerra de Invierno. En Dinamarca es considerado un héroe y cada año se otorga el Premio Honorífico Munck para personalidades del ámbito de la prensa, diplomacia o del mundo de las ciencias.

El periodista danés Ebbe Munck en las ruinas del Alcázar de Toledo
El danés Ebbe Munck en las ruinas del Alcázar de Toledo. 

Detrás de Ebbe Munck, con boina negra y corbata, el norteamericano Elmer W. Peterson de Associated Press, quien describió en sus despachos enviados desde Toledo la situación de los cuerpos en un gran agujero, y la orden por parte del mando militar de comprobar las simpatías políticas de los ciudadanos que habían quedado en la población (Plattsburgh Daily Express, 1936).

el norteamericano Peterson en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
El periodista norteamericano Peterson en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936. 

Siguiendo en orden, otro norteamericano, el distinguido periodista Webb Miller (1891-1940) de United Press. Miller fue uno de los más destacados corresponsales de guerra de su tiempo tras cubrir la Expedición Pancho Villa, la Primera Guerra Mundial, la invasión italiana de Etiopía, la Guerra Civil en España, y la Guerra de Invierno en 1939. Falleció en mayo de 1940 en un “accidente” en el metro de Londres.

Webb Miller de United Press en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
El periodista de United Press Webb Miller en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.

A continuación, el piloto italiano de la Aviazione Legionaria Giuseppe Cenni (1915-1943), quien llegó a España en agosto de 1936 entre los primeros voluntarios enviados en apoyo a los sublevados. Durante los meses de agosto y septiembre operó en los frentes de Extremadura y Toledo a los mandos de un Fiat CR.32. En apenas cinco meses de campaña consiguió más de trece victorias, entre ellas ocho confirmadas de manera individual, lo que lo convirtió en uno de los ases italianos más destacados de la Guerra Civil española. Falleció en combate tras ser abatido por un Spitfire en septiembre de 1943 sobre Pistoia en Italia.

el piloto italiano Cenni en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
El piloto italiano Giuseppe Cenni en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.

Siguiendo el orden, otro piloto italiano voluntario de la Aviazione Legionaria. El sargento mayor Guido Presel (1913-1937), natural de Trieste, que llegó en 1936  y voló sobre la provincia de Toledo el biplano Fiat CR.32. Falleció en junio de 1937 en el frente de Vizcaya.

El piloto Guido Presel en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
El piloto Guido Presel (centro) en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.

Con boina negra y gafas aparece Hubert R. Knickerbocker (1898-1949), escritor y corresponsal de la International News Service del grupo Hearst. Ganador del Premio Pulitzer de Corresponsalía en 1931, llegó a España poco después del inicio de la guerra. Si bien en un principio mostró una clara simpatía hacia la causa sublevada, las tensiones con la censura y las autoridades franquistas deterioraron rápidamente esa relación, hasta el punto de ser arrestado y finalmente expulsado del país. Sobre Toledo destacó cómo los defensores todavía mantenían sus armas dispuestas y limpias después del duro y largo asedio a pesar de encontrarse ya Franco en la ciudad.

El periodista H. R. Knickerbocker en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
El periodista H. R. Knickerbocker en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.

Junto a este, con boina y chaqueta negra, el fotógrafo y periodista Hans Georg von Studnitz, personaje muy curioso a quien ya tratamos en una entrada específica. Podéis leerla aquí.

Hans Georg von Studnitz en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
Hans Georg von Studnitz en Toledo.

En los siguientes fotogramas, con cámara Rolleiflex, el poeta y redactor británico de Reuters Christopher Holme (1907-1991). Es recordado por su papel informativo del bombardeo de Guernica en abril de 1937, ya que fue de los primeros en describir la magnitud de la tragedia a los medios internacionales.

El corresponsal de Reuters Christopher Holme en las ruinas del Alcázar de Toledo
El corresponsal de Reuters Christopher Holme en las ruinas del Alcázar de Toledo.

Ya en el patio del Alcázar el general Franco dio su discurso rodeado de defensores, oficiales, soldados y periodistas. Los camarógrafos, entre ellos Arthur Menken (1903-1970) de AP y Paramount News, captaron todas la escenas.

El camarógrafo Arthur Menken en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.
El camarógrafo Arthur Menken entre los defensores del Alcázar de Toledo en 1936. 

A la salida, mientras Franco avanzaba entre defensores, a paso lento y detrás de él, podemos ver a su ayudante de campo, el teniente coronel de Artillería Carlos Díaz-Varela Ceano Vivas (1884-1977).

El teniente coronel Carlos Díaz-Varela, ayudante de Franco, en las ruinas del Alcázar
El teniente coronel Carlos Díaz-Varela, ayudante de Franco, en las ruinas del Alcázar de Toledo.

Seguidamente más periodistas, el portugués Artur Portela (1901-1959, enviado especial del Diário de Lisboa, y quien destacó sobre su experiencia aquel día: «La emoción es enorme. Todos lloran, incluso el propio Franco». Junto a él, asomándose y mirando a cámara, el redactor y fotógrafo Leopoldo Nunes de O Século, responsable de la conocida imagen de Franco junto a Moscardó y Artur Portela entre ambos militares. Ese mismo instante fue captado por el reportero gráfico de El Heraldo de Aragón Marín Chivite (1900-1978), quien parece encontrarse detrás de los portugueses en el fotograma de HMN mientras escribe unas notas y lleva su cámara en la mano (existen muy pocas fotografías de Marín Chivite y el parecido es bastante razonable).

Artur Portela, Leopoldo Nunes y Marín Chivite en las ruinas del Alcázar de Toledo
Artur Portela, Leopoldo Nunes y Marín Chivite en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.

Entre los militares y otros asistentes destacados junto al general Franco, además del coronel Moscardó y el general José Enrique Varela, se encontraban en el patio del Alcázar los tenientes coroneles Carlos Díaz-Varela y Francisco Franco Salgado-Araujo, ambos ayudantes de campo del general Franco. En el mismo fotograma el comandante Mohammed ben Mizzian, Luis Bolín, un emocionado José Millán-Astray, el jefe provincial de Falange José Sainz Nothnagel, y el ayudante de campo del general Varela el comandante Antonio García de la Vega entre otros.

Grupo de defensores junto al general Franco y otros oficiales del Ejército de África en el patio del Alcázar
El general Franco junto a oficiales y defensores del Alcázar de Toledo en el patio de la fortaleza. 
El comandante García de la Vega y el teniente coronel Carlos Díaz-Varela en el Alcázar de Toledo
El comandante García de la Vega y el teniente coronel Carlos Díaz-Varela en el Alcázar de Toledo.

Y para finalizar, una de las curiosidades más sorprendentes. Entre los presentes llama la atención un hombre vestido de esmoquin, situado junto a los defensores y a los integrantes de la columna Varela. Tras un largo tiempo de especulaciones, se ha llegado a la conclusión de que se trata nada menos que de Perico Chicote (1899-1977), el célebre y mítico barman madrileño. Este se encontraba en el extranjero en julio de 1936 (diferentes fuentes lo ubican en París y otras en Londres), aunque poco después se estableció en San Sebastián hasta que pudo regresar a Madrid en 1939, pero esa es otra historia.

Grupo de defensores, soldados y el general Franco en las ruinas del Alcázar de Toledo
Francisco Franco sale del patio del Alcázar de Toledo. Al fondo, el barman Perico Chicote.

Varias imágenes del camarero Perico Chicote en Toledo
Perico Chicote en los años 30 (BNE) / El barman Chicote en el patio del Alcázar de Toledo.

**Actualización 25 de septiembre de 2025: 

Victor Girona Hernández ha identificado también entre los oficiales al comandante Joaquín Ríos Capapé en el patio del Alcázar el 29 de septiembre de 1936. En las imágenes está justo detrás del general Varela.

El comandanta Joaquín Ríos Capapé en el patio del Alcázar de toledo en 1936
El comandante Joaquín Ríos Capapé en el patio del Alcázar de Toledo en 1936. 

Este artículo tiene un carácter exclusivamente histórico y documental. No pretende glorificar a ninguna de las figuras ni hechos mencionados.

Hans-Georg von Studnitz en las ruinas del Alcázar de Toledo (1936)

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Las imágenes en vídeo de la Hearst Metrotone News que fueron digitalizadas a disposición de todos los usuarios por la Universidad de California y Televisión Archive, además de la cesión a la RABACHT, resultaron ser una fuente de información documental increíble. Además de poder visualizar escenas que en muchas ocasiones no se conocían, ya que no fueron publicadas en los noticiarios originales, la documentación audiovisual ha permitido identificar personajes que gracias a la calidad y nitidez del material antes resultaba imposible. 

En este caso se trata de uno de los corresponsales alemanes que visitaron los frentes de España durante la guerra y llegaron a Toledo, junto a una decena más, en septiembre de 1936. Entre todos los periodistas y reporteros gráficos que llegaron a la Península, Hans-Georg von Studnitz era uno de los más desconocidos hasta la fecha en nuestro país, aunque su trayectoria profesional es tan increíble que es digna de llevarse a la gran pantalla.

toledo von studnitz asedio alcázar guerra civil 1936
H.G. von Studnitz abriéndose paso entre Franco, Varela, Moscardó y demás oficiales para tomar una fotografía con su cámara Leica I en la cuesta de San Justo el 29 de septiembre de 1936. Fuente HMN.
 




Breves apuntes biográficos

Hans-Georg von Studnitz nació en Potsdam en 1907 en el seno de una familia noble. Su padre era el capitán Thassilo von Studnitz y su madre Anna Maria Schinckel, hija del banquero de Hamburgo Max von Schinckel, socio del Norddeutsche Bank. Es en este mismo banco donde Studnitz comenzó su aprendizaje para trabajar luego en el Banco de Chile y Alemania en Valparaíso en los años 20. En 1926 fue empleado comercial de la compañía de transporte Hapag en Buenos Aires, Nueva York y Berlín. En 1931 fue despedido y comenzó a trabajar como periodista gracias a los contactos de su familia con Alfred Hugenberg, empresario de medios de comunicación y encargado del imperio periodístico de la Scherl Verlag (principal empresa periodística en Alemania). Comenzó a trabajar en Der Tag y como corresponsal en el extranjero de los periódicos de la Scherl, principalmente del diario Berliner Lokal-Anzeigeren ciudades como Londres, Roma, Viena, Madrid o en países de Oriente Medio y la India donde entrevistó a Gandhi y Nehru en 1937. En 1933 Studnitz se unió al NSDAP (Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores alemanes) y posteriormente en la Segunda Guerra Mundial ejerció como asesor en el departamento de propaganda del Ministerio de Asuntos Exteriores junto a J. von Ribbentrop. En el periodo bélico fue responsable de las revistas Berlín-Roma-Tokio y Anti-Comintern. Tras la guerra ejerció su labor profesional en Christ und WeltDie Zeit, donde informó de los Juicios de Núremberg, y en 1949 dirigió el Hamburger Allgemeine Zeitung. En los años 50 fue redactor jefe de Foreign Policy y Hamburger Anzeiger, además de jefe de prensa de Lutfthansa. En 1966 recibió el premio Heinrich von Kleist de la BdV, la Asociación de Expulsados alemana. Falleció un mes antes de cumplir los 86 años en la ciudad de Rimsting en 1993. Su legado, aparte de miles de artículos en prensa, fueron dos libros de memorias Seitensprünge. Erlebnisse und Begegnungen 1907-1970While Berlin burns (diario personal entre 1943 y 1945).

Según sus propias palabras: «Tal vez hubiera preferido vivir en un siglo menos bárbaro si una época de costumbre me hubiera llevado más lejos». En palabras de su hijo: «Mi padre, como se dice en alemán, “estaba bailando en dos fiestas de boda”. Una mitad de él participaba en la vida social de donde provenía: la aristocracia. La otra mitad se escapaba buscando algo más» (A. von Studnitz, While Berlin Burns).

toledo von studnitz asedio alcázar guerra civil 1936
Gandhi y von Studnitz en junio de 1937. Fuente: Seitensprünge.

El periplo en España y su trabajo ha sido posible estudiarlo gracias a sus memorias y la aportación de otros datos de interés que su familia ha facilitado. 

Tras la sublevación militar se dirigió hacia España por avión para cubrir los acontecimientos como corresponsal del Berliner Lokal-Anzeiger. Recorrió durante la segunda semana de agosto de 1936 el frente de Gredos trabajando en Ávila y Burgos. A finales de agosto se entrevistó con el embajador alemán en Paris J. B. von Welczeck. Antes de cruzar la frontera de nuevo se estableció inicialmente en un hotel de Hendaya donde podía observar el puente de Irún y los cientos de refugiados que huían. Desde ese hotel se enviaban las crónicas vía telefónica a las redacciones de medio mundo por parte de los periodistas que allí trabajaban como Sefton Delmer, Ward Price, Pembroke Stephens, Christopher Holmes, Richard Massock, Reynolds Packard, el locutor de radio Kaltenborn, H. Knickerbocker, Roland Strunk y Hermann Fiddickow. Studnitz indica que los periódicos alemanes competían entre sí, pero ellos tenían una gran camaradería ayudándose con los artículos y en tramitar las tarjetas de identificación obligatorias. Su salvoconducto de la Junta de Defensa Nacional, firmado en Burgos por el coronel de Estado Mayor Federico Montaner, le permitió cruzar a España por Irún el 12 de septiembre de 1936. Con Fiddickow mantuvo gran amistad y fue con quien alquiló un coche para viajar juntos y pagar alojamientos a medias sin hacer gastos extras. Para trasladarse de un punto a otro utilizaban viejas y desactualizadas guías turísticas Baedeker o Michelín, ya que las informaciones del mando militar no eran fiables del todo y podían atravesar las líneas enemigas con bastante facilidad. 

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Junto al general Miguel Cabanellas en Burgos, 1936. Fuente: Seitensprünge.

En Talavera de la Reina, una vez ocupada por la columna Madrid, se había establecido una oficina de prensa donde los corresponsales seguían las informaciones del avance franquista hasta Toledo. Es aquí donde su relato sobre el final del asedio y la toma de la Ciudad Imperial demuestra cómo fueron aquellas horas para los periodistas y su manera de trabajar. Además, su escrito se corresponde a la perfección con las imágenes donde aparece él en las ruinas del Alcázar y sus inmediaciones. El 29 de septiembre recibieron el permiso para poder entrar en Toledo después de acabar con el cerco las fuerzas del general Varela. Studnitz relata que «todavía se oyen detonaciones y ametralladoras por el centro». Eran los combates contra los focos de resistencia republicanos en el Seminario y la residencia de los Maristas.

«Nos abrimos paso hacia el castillo. Entre los cadáveres de mulas, entre proyectiles sin explotar y hierro doblado, llegamos al patio principal, en el que aún quedan en pie algunas columnas». H.G. von Studnitz. 

En el patio entrevistaron a los sobrevivientes del asedio y Studnitz fotografió con su cámara mientras esperaban la llegada del general Franco junto al resto de corresponsales acompañados por el capitán Luis Bolín y Gonzalo de Aguilera.

«El momento que nadie había esperado vivir se hace realidad. El libertador se aproxima, señales de cuerno suenan, guardias anuncian que Franco ha llegado. Ágil y juvenil, el generalísimo cierra en sus brazos a Moscardó. En los rostros de los defensores, marcados por el sufrimiento y las privaciones, se asoman lágrimas». H.G. von Studnitz. 

toledo von studnitz asedio alcázar guerra civil 1936
H.G. von Studnitz con boina negra subiendo entre los escombros de la fachada oeste hasta el patio del Alcázar el 29 de septiembre de 1936. Fuente HMN.

En sus memorias, relata cómo envió sus despachos a Alemania ese mismo día para que se publicaran lo antes posible. Tras estar en Toledo entrevistando a los defensores y al propio Franco, además de tomar fotografías, aquella misma noche regresaron a Talavera de la Reina. Allí solicitaron salvoconductos militares para cruzar la frontera hacia Francia. A medianoche del 29 al 30 de septiembre de septiembre, los dos alemanes partieron en un viejo Graham-Paige; uno conducía mientras el otro dormía y se alternaban cada 200 km. Al día siguiente, llegaron a Hendaya alrededor de las diez de la mañana y, seis horas después, Studnitz había redactado todo el material informativo y se había puesto en contacto con la redacción en Berlín. Tras apenas una hora de sueño, la empresa editora Scherl le comunicó que el diario Berliner Lokal-Anzeiger estaba preparando un especial sobre la liberación del Alcázar y que debía entregar treinta páginas con fecha límite del 2 de octubre. Esa misma noche, el 30 de septiembre, tenía todo listo y lo envió para su publicación el 4 de octubre.

toledo von studnitz asedio alcázar guerra civil 1936
Entrevista a un guardia civil defensor del Alcázar frente al Hospital Tavera. Fuente HMN.

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Entrevista a un guardia civil defensor del Alcázar frente al Hospital Tavera. Fuente HMN.

toledo von studnitz asedio alcázar guerra civil 1936
Tomando fotografías frente al Hospital Tavera. Fuente HMN.

De igual manera, Studnitz y su profesión tiene otros datos interesantes relacionados con Toledo. Durante su labor como periodista indica que los oficiales de prensa encargados de controlar los movimientos a su grupo de corresponsales fueron el capitán Gonzalo de Aguilera Munro (como se puede ver en el listado manuscrito por el oficial donde aparece von Studnitz entre otros) y Guillermo Pelizaeus y Lantz, alemán de nacimiento y casado con Consuelo de Cubas y Erice, quienes eran los condes del Palacio de la Sisla, y posteriormente él como duque de Tetuán y concejal del ayuntamiento de Madrid. Años antes de la guerra, Pelizaeus fue retratado por Otto Wunderlich en el Palacio de la Sisla, que acabaría muy dañado después de la contienda (leer aquí).

El señor Pelizaeus con su perro en la entrada principal al palacio de la Sisla. Foto Wunderlich (IPCE).

Sin embargo, las fotografías que realizó aquel día en Toledo no tienen su firma y es por eso por lo que hasta la fecha no se habían identificado. En el repositorio digital de SZ Photo se ha podido comprobar un grupo extenso de imágenes con los créditos de Scherl Verlag (la empresa editora para la que trabajaba él), y estoy convencido que fueron realizadas por Studnitz. Son imágenes que ya vimos años atrás, aunque el autor era desconocido (leer aquí). Os dejo algunas para visualizar el trabajo del periodista en las ruinas del Alcázar, además que también tiene de Talavera, Algeciras en 1937 y las más reconocidas fueron en Guadalajara ese mismo año. 









Como se aprecia en la primera fotografía de esta entrada, Studnitz acompañó a Franco, Varela, y Moscardó, junto con todos los defensores y demás oficiales del Ejército, durante su recorrido por las calles de Toledo. En un momento dado, como se observa en el vídeo, el alemán se adelantó a la comitiva y realizó un retrato de los tres militares, el cual se conserva en la colección de Scherl en SZ Photo.





Durante el otoño de 1936, Studnitz regresó a Toledo alojándose en el Hotel Castilla desde donde partían a diario al frente por el norte de la provincia para cubrir el avance hasta las puertas de Madrid. En la misma Ciudad Imperial conoció las noticias del frente de Málaga en 1937 y decidió trasladarse al sur de la Península para regresar a Alemania ese mismo año después de la batalla de Guadalajara, donde realizó un importante reportaje gráfico, aunque no pudo publicar su trabajo por censurarse tras la derrota militar sublevada.

H.G. von Studnitz se suma a la larga relación de periodistas y fotógrafos que ejercieron su labor profesional en España y en concreto en Toledo en 1936. 

Los protagonistas: José Enrique Varela

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Sustituto de Yagüe al mando de las tropas que avanzaban desde Extremadura por el valle del Tajo, Varela entrará en la ciudad de Toledo y liberará a las fuerzas sublevadas que resistían en el interior del Alcázar desde el mes de julio al mando del coronel Moscardó. Después avanzará por todo el norte provincial hacia Madrid. 


toledo guerra civil
Varela en el Paseo del Miradero tras tomar la ciudad.
Posiblemente la foto esté realizada en  octubre de 1936.

La liberación del Alcázar. Parte I

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El día 26 de septiembre, los defensores pueden ver desde las alturas de las ruinas del Alcázar el humo de las explosiones de la lucha que está teniendo lugar cerca del pueblo de Bargas muy cerca de Toledo. Suponen las intenciones de las tropas africanas. Tomar el pueblo, cortar la carretera de Madrid (principal vía de escape republicana) y envolver la ciudad.



''Durante todo el día se oye el cañoneo lejano que confirma la creencia de que la operación consiste en tomar Bargas, al oscurecer; una batería enemiga emplazada en las proximidades de la carretera de Bargas con la de Madrid tira en dirección hacia Bargas 
lo que asegura aún más nuestra anterior creencia.''
Diario de operaciones del Alcázar - 26 Sept. 1936



En los días anteriores muchos civiles han abandonado la ciudad siguiendo las columnas de carros de los que huían de las tropas moras y sus sanguinarias represalias.


´´...los carros van tirados por un burro o una mula que se teme revienten en cuanto dan un solo paso. Pues los carros son pirámides de muebles, colchones y enseres de todos los calibres. Son los carros de la gente que huye de los pueblos cundo ve acercarse a los salvadores de España``
La guerra que yo viví - Jesús Izcaray.




toledo guerra civil

Un buen testimonio del caos en la carretera de Madrid nos lo deja el periodista y director de cine Armand Guerra, que en aquel día viajaba desde Madrid a Toledo para tomar imágenes de la batalla.


La guardia nos detiene y nos pide la documentación.
 La exhibo, la examinan y uno de ellos nos hace esta observación: 
Si vais a Toledo, tenéis que tomar la carretera de Mocejón pues por esta no podréis llegar. 
El paso de unos campesinos, con sus mujeres, niños y el ajuar colocado en el lomo de un par de mulas cansinas, me hacen comprender que algo grave ocurre. 
Le aclaro: No tenemos tiempo que perder, y nuestros chóferes desconocen la carretera que nos indicas. Queremos seguir por Olías y Bargas. 
A Olías tal vez podáis llegar sanos si apagáis los faros pero más allá no podréis.
 ¡En Bargas están zumbando! 
Se baten ya en la estación del pueblo y si lo toman, dentro de tres o cuatro horas estarán aquí.
A través de la metralla - Armand Guerra  


El día 27, sabiendo los republicanos que en pocas horas las fuerzas de Varela llegarían a la ciudad, volaron a la desesperada la última mina con su respectivo asalto a la fortaleza. Se utilizó de nuevo la gasolina para intentar incendiar los restos de la Academia y penetrar por la brecha producida por la mina siendo también este asalto rechazado por la resistencia de los defensores como los anteriores ataques.

´´Tal y como se presagiaba, el enemigo, jugándose la última carta, y ante la inminente llegada
de las columnas salvadoras, decidió volar la mina que tan precipitadamente se había venido
preparando. Una vez más su ataque sería nulo; apenas se pudo llegar hasta el lugar dé la
explosión, comprobose que la galería de la mina había quedado corta, y por tal motivo la
voladura había fracasado, ya que tan sólo se llegó a producir un embudo destinos treinta metros
ancho, y unos cuatro de profundidad, sin causar más perjuicio ni conseguir ni una sola baja.``
José María Barranco Gil - La defensa del Alcázar de Toledo.





Las baterías de artillería de San Servando apuntaban hacia Bargas y la carretera de Madrid por donde los sublevados venían a liberar a los sitiados, algunas piezas ya estaban siendo desmanteladas y cargadas en ferrocarriles y camiones desde días antes. Con la toma de Bargas y cortada la carretera de Madrid por Ben Mizzian, los sitiadores se convertían en sitiados.



´´El polvo que levantan los obuses nos hace toser y nos escuece los ojos. Pero hay que estarse aquí.
La carretera está batida, no hay forma de volver a Olías y a la cima del terraplén no se puede uno asomar sin que le vuelen la cabeza``
La guerra que yo viví - Jesús Izcaray.


toledo guerra civil
Tropas republicanas en el margen de la carretera de Madrid.

La mayoría de fuerzas republicanas se fueron retirando desde el día 25 y 26 en dirección Aranjuez (la carretera de Madrid estaba ocupada por las tropas de Varela desde el día 26) por el puente Alcántara y las carreteras de Algodor y Mocejón bajo fuego de ametralladora y fusilería de los propios defensores del Alcázar.






El asalto a la ciudad por parte de los regulares y legionarios comienza el día 27, descienden desde Bargas para tomar las alturas próximas al cementerio y la zona de Buenavista y envolver por el este a las fuerzas que allí ocupaban las posiciones defensivas republicanas de los grupos que se quedaban para defender Toledo bajo las órdenes de Asensio Torrado.

Sixto Agudo, el jefe de JSU toledano, se encontraba defendiendo esta zona:


''Moros y legionarios se acercaban a las posiciones. La moral de combate de las fuerzas republicanas era buena. El plan de fuegos establecidos dominaba toda la extensión de la Dehesa de Buenavista, el Campo de Tiro y la Escuela Central de Gimnasia. hasta la carretera de Ávila. La Compañía del Teniente Castillo cubría la parte derecha del cementerio 
hasta la carretera de Madrid. (...). No disparaban. Avanzaban en silencio. Ya al alcance de nuestros fusiles, tras las voces de ¡Preparados! ¡Fuego!, las ametralladoras disparaban ráfaga tras ráfaga. El suelo quedó sembrado de muertos y heridos. Un griterío ensordecedor nos anunció que el enemigo se lanzaba sobre nosotros en tromba, a pecho descubierto. 
A la derecha también se oían los disparos de los fusiles y el tableteo de ametralladoras.'' 
Por qué se perdió la República - Sixto Agudo Blanco 


Pero el avance de las tropas moras y legionarias con el apoyo de la aviación y las tanquetas ligeras rebasaron las posiciones republicanas y estas fueron retirándose hacia la Plaza de Toros, la Escuela de Gimnasia y el Hospital de Tavera donde los milicianos resistieron los ataques rebeldes con gran valor. Al caer el Hospital, los moros asesinaron a los enfermos, heridos y personal médico, lanzando granadas de mano por las ventanas. 

Líster también se encontraba en Toledo junto a varias compañías del V Regimiento:


''Se combatió casa por casa, en cada escalera, cada habitación, empleando más la bomba de mano que el fusil. Hacia mediodía y mediada la tarde, una docena de aviones enemigos bombardearon diferentes puntos de la ciudad.''
Memorias de un luchador - Enrique Líster


toledo guerra civil
Fotografía aérea de Toledo a finales de septiembre de 1936

"El comandante Mizzian y el teniente coronel Barrón liquidaron la resistencia de las posiciones comunistas en la Vega. Se luchó en las calles; pero la retirada de los rojos desde el sábado por la noche, por el puente de San Martín, se convirtió en franca huida. 
En el Miradero hubo intenso tiroteo que fue sofocado por los nuestros."
  De Sevilla a Madrid por C.G. Ortiz de Villajos.


Los sitiados en el Alcázar podían ver perfectamente la retirada de los republicanos y como sus libertadores estaban más cerca de Toledo. Era cuestión de horas que tomaran la ciudad. 


"Pero nada podía detener ya a los liberadores; pronto vieron cómo se combatía en la hermosa
vega toledana, y extendiéndose hacia la derecha marchando a la conquista por audaz asalto de
las Covachuelas, así como el cementerio, en donde grupos de milicianos se batían en retirada.
Era una retirada cuya falta de mandos se evidenciaba desde las posiciones alcazareñas,
incapacidad que se vino observando a lo largo de todo el asedio y que demostraba como los
mismos hombres —ya que todos eran españoles— podían reaccionar de distinto modo, y llevar
adelante una empresa de tal envergadura, según fuera la mano conductora de unos y de otros."
José Mª Barranco Gil - La defensa del Alcázar de Toledo.


En la noche del 27, aprovechando la oscuridad, un tabor de Regulares logró romper las débiles defensas por la parte este, cerrándose de nuevo el cerco detrás de ellos para contener el resto del ataque. Los regulares alcanzaron el puente Alcántara por la barrancada del Tajo y consiguieron entrar en el Alcázar y tomar contacto con los defensores. Dentro del Alcázar, el sonido de tropas acercarse creó un cierto nerviosismo, pues aún existía la posibilidad que las fuerzas republicanas que aún quedaban por los alrededores les sorprendieran aprovechando la situación.

"¿Quién vive?
Una voz emocionada y fuerte respondió a la pregunta:
¡Fuerzas de España! ¡Somos los Regulares de Tetuán!``
´´Todos fueron abandonando sus puestos, surgiendo de la sombra de las ruinas, con el fusil al
brazo, para verles trepar, por entre los escombros de la explanada norte, con el pisar ligero y-
los gritos de alegría que eran claro exponente de su identificación con los sufrimientos, allí
padecidos ampliamente y compensados aquel instante glorioso, único..."
José Mª Barranco Gil - La defensa del Alcázar de Toledo.


Cuesta del Alcázar con las tropas de Varela ya en la ciudad.

Esa noche, los regulares pernoctaron con los sitiados por última vez. La emoción y el jubilo reinó durante toda la madrugada. Esperando hasta el 28 por la mañana para abandonar el Alcázar y unirse con el resto de fuerzas de Varela. 

El caos y la desorganización reinaban en Toledo en las últimas horas del día 27. La desbandada era general por parte republicana y en las carreteras de Mocejón, Algodor y la salida de la ciudad por el puente Alcántara donde había una auténtica procesión de coches, camiones y todo tipo de vehículos y hombres a pie huyendo de Toledo. La carretera del Valle y los cerros estaban batidos por las alturas del Alcázar que disparaban a los huidos con el cañón del 7. Muchos, ante la desesperación, saltaban a las aguas del Tajo donde se ahogaban por las corrientes.


"El cañón de montaña de 7 cm. que estaba emplazado en el sótano frente a la Puerta de Capuchinos fue trasladado a la Biblioteca de Caballería, desde donde se batió el camino de Algodor y la carretera de Mocejón, por donde el enemigo se retiraba."
Diario de Operaciones del Alcázar de Toledo - Día 27 Septiembre 1936.


Armand Guerra llega a Toledo y se acerca junto a sus compañeros camarógrafos y fotógrafos al sindicato de CNT en la calle Núñez de Arce, donde hay gran confusión y se está empezando a empaquetar todo y guardar los archivos en los sótanos. La artillería rebelde dispara cerca y mata a varios hombres. Huyen de la ciudad por Mocejón y llegan hasta Aranjuez donde las tropas republicanas que han huido intentan reorganizarse.

La confusión es tremenda, los milicianos también intentan huir por el puente San Martín al oeste, por donde Burillo también se ha retirado con sus fuerzas. Líster es protagonista de estas últimas horas antes de caer la ciudad. El miedo a ser cogidos por las tropas moras corre entre los republicanos.



´´Hacia la media noche del 27 al 28, cuando estaba reconociendo nuestras posiciones alrededor del Alcázar, vinieron a decirme que en el puente de San Martín había lío entre el destacamento que yo había colocado allí y grupos de milicianos y Guardias de Asalto que querían marcharse de la ciudad. Salí rápidamente para allá y me encontré con un regular follón, los unos querían cruzar el puente y los otros les amenazaban con dos ametralladoras que yo mismo había hecho colocar a la salida del mismo. El que mas chillaba era un capitán de Asalto que a toda costa quería imponer su autoridad para salir pitando. Me dirigí afeándole su conducta. 
En ese momento oigo un tiro a mi espalda y vuelvo rápidamente la cabeza para ver caer, casi sobre mi, a un sargento de Asalto al que mi ayudante le acaba de pegar un tiro en la cabeza en el mismo momento en que el otro se disponía a disparar sobre mí por la espalda.
Desde ese momento se terminó toda discusión: los que estaban dispuestos a seguir combatiendo volvieron a la ciudad y los otros fueron desarmados y degradados los que tenían algún grado.``
Memorias de un luchador - Enrique Líster 


La mañana del 28, comenzó el asalto definitivo a los focos republicanos en la ciudad imperial. La Fábrica de Armas cayó en manos rebeldes y entraron en el casco antiguo luchando por las calles. Rápidamente se ocupó Toledo, salvo los núcleos que resistieron dentro como el Seminario, la residencia de los Hermanos Maristas, Palacio Arzobisbal, etc. Los últimos milicianos en abandonar fueron los de Líster que lo hicieron por el puente de San Martín cubiertos por ametralladoras y artillería posicionados en los cerros.



El general Varela en el puesto del Paseo del Miradero después de ocupar Toledo.

''A las 6 salen del Alcázar la Compañía de Regulares y la 5ª Bandera a ocupar los objetivos designados por su mando y conforme avanza la mañana, van llegando las distintas fracciones de la columna. Sobre las 10, entra el General Varela, que recorre todas las dependencias. 
Un sacerdote viene con la columna, dice misa en los sótanos.
La Plana Mayor se traslada al Hotel Castilla, y allí empiezan los trabajos de organización de la Capital en sus distintos aspectos, que después se extenderá a la Provincia.''
Diario de Operaciones del Alcázar de Toledo. 28 de septiembre de 1936.


Recreación de la entrada de tropas franquistas en Toledo por la zona del Hospital de Tavera.
Al fondo se puede ver el ábside del antiguo Hospital de San Lázaro. 

El general Varela acompañado de sus tropas toma Toledo y llega al patio central del Alcázar poniendo fin a 70 días de asedio.


Hotel Castilla en la plaza de San Agustín (actualmente Tesoreria de la Seguridad Social).

Defensores después de su liberación.

Moscardó, Varela y Franco el 30 de septiembre de 1936 en el Alcázar de Toledo. 

Noticiario Luce sobre la liberación del Alcázar donde se escenifica la toma de Toledo y aparecen imágenes de algunos prisiones.