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¿Quién es quién? Corresponsales, militares y otros curiosos en las ruinas del Alcázar de Toledo (1936)

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A las diez de la mañana del 28 de septiembre de 1936, la ciudad de Toledo quedó en poder de las tropas del general Varela. El asalto, que apenas se prolongó durante algo más de veinticuatro horas desde el norte, logró desalojar las defensas republicanas en torno a la población. Al día siguiente, el general Franco entraba en las ruinas del Alcázar junto a soldados y oficiales, ademas de los corresponsales de prensa que deseaban captar las primeras impresiones tras el largo asedio.

Fotografía de Franco en las ruinas del patio del Alcázar de Toledo tras el asedio en 1936
El general Franco se dirige a las tropas y a los defensores del Alcázar tras acabar con el asedio.
Fotograma HMN.  

Los periodistas y reporteros gráficos que acompañaban a las tropas del Ejército de África no solo elogiaron el rápido avance y el auxilio a los defensores del Alcázar, sino que también relataron y documentaron las duras escenas observadas en las calles de Toledo sobre la brutal represión ejercida en la ciudad. Muchos de los presentes, extranjeros en su mayoría, quedaron olvidados durante años, y hoy podemos recuperar su labor gracias a la documentación audiovisual conservada (principalmente diferentes fotografías y los brutos de la Hearst Metrotone News). Vídeo completo aquí a partir del min. 5:28.

Corresponsales extranjeros en las ruinas del Alcázar de Toledo
Ascenso por los escombros del Alcázar de los corresponsales extranjeros. HMN.

La primera escena dura pocos segundos, pero no puede tener más fuerza. Mientras con peligro, y ascendiendo lentamente entre los escombros, dos guardias civiles defensores del Alcázar están en lo más alto observando al grupo de periodistas que se acercan a las ruinas.

De manera inicial, conviene destacar la presencia de los dos principales oficiales de prensa encargados de supervisar y orientar a los periodistas desde agosto de 1936. Al frente del grupo se encontraba Luis Bolín, jefe del Servicio de Prensa del Cuartel General de Franco. Bolín, vestido con el uniforme de capitán de la Legión, se encargó de controlar rigurosamente el trabajo de los periodistas para evitar la difusión en el extranjero de informaciones que pudieran resultar perjudiciales para la causa sublevada.

El oficial de prensa Luis Bolín en las ruinas del Alcázar de Toledo
El oficial de prensa Luis Bolín a la cabeza del grupo de corresponsales en las ruinas del Alcázar.

El segundo era Gonzalo de Aguilera Munro, conde de Alba de Yeltes y capitán de Caballería retirado desde 1931. Aguilera Munro dominaba varios idiomas y al iniciarse la sublevación militar se presentó ante el general Mola en Burgos para ofrecer sus servicios, siendo agregado al Estado Mayor de la 6.ª División como oficial de prensa. Prácticamente todos los periodistas y personalidades que trataron con él mantenían un recuerdo negativo de su figura, percibiéndolo como un censor estricto ante el trabajo de cada profesional, que tenía perfectamente controlado en sus anotaciones con número de pasaporte, nacionalidad y agencia o medio responsable.

El oficial de prensa capitán Gonzalo de Aguilera a las afueras de Toledo
El capitán Gonzalo de Aguilera Munro a las afueras de Toledo en 1936. 

Y entre los corresponsales, el primero de todos subiendo por los escombros detrás de Bolín es Ebbe Munck (1905-1974). De origen danés, Munck era explorador, periodista y diplomático. Fue una figura clave de la Segunda Guerra Mundial como portavoz y representante en Estocolmo del Consejo Danés de la Resistencia, organizando misiones secretas y tareas de sabotaje. Como corresponsal cubrió la guerra de España para el diario Berlingske Tidende de Copenhague, y posteriormente la Guerra de Invierno. En Dinamarca es considerado un héroe y cada año se otorga el Premio Honorífico Munck para personalidades del ámbito de la prensa, diplomacia o del mundo de las ciencias.

El periodista danés Ebbe Munck en las ruinas del Alcázar de Toledo
El danés Ebbe Munck en las ruinas del Alcázar de Toledo. 

Detrás de Ebbe Munck, con boina negra y corbata, el norteamericano Elmer W. Peterson de Associated Press, quien describió en sus despachos enviados desde Toledo la situación de los cuerpos en un gran agujero, y la orden por parte del mando militar de comprobar las simpatías políticas de los ciudadanos que habían quedado en la población (Plattsburgh Daily Express, 1936).

el norteamericano Peterson en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
El periodista norteamericano Peterson en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936. 

Siguiendo en orden, otro norteamericano, el distinguido periodista Webb Miller (1891-1940) de United Press. Miller fue uno de los más destacados corresponsales de guerra de su tiempo tras cubrir la Expedición Pancho Villa, la Primera Guerra Mundial, la invasión italiana de Etiopía, la Guerra Civil en España, y la Guerra de Invierno en 1939. Falleció en mayo de 1940 en un “accidente” en el metro de Londres.

Webb Miller de United Press en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
El periodista de United Press Webb Miller en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.

A continuación, el piloto italiano de la Aviazione Legionaria Giuseppe Cenni (1915-1943), quien llegó a España en agosto de 1936 entre los primeros voluntarios enviados en apoyo a los sublevados. Durante los meses de agosto y septiembre operó en los frentes de Extremadura y Toledo a los mandos de un Fiat CR.32. En apenas cinco meses de campaña consiguió más de trece victorias, entre ellas ocho confirmadas de manera individual, lo que lo convirtió en uno de los ases italianos más destacados de la Guerra Civil española. Falleció en combate tras ser abatido por un Spitfire en septiembre de 1943 sobre Pistoia en Italia.

el piloto italiano Cenni en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
El piloto italiano Giuseppe Cenni en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.

Siguiendo el orden, otro piloto italiano voluntario de la Aviazione Legionaria. El sargento mayor Guido Presel (1913-1937), natural de Trieste, que llegó en 1936  y voló sobre la provincia de Toledo el biplano Fiat CR.32. Falleció en junio de 1937 en el frente de Vizcaya.

El piloto Guido Presel en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
El piloto Guido Presel (centro) en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.

Con boina negra y gafas aparece Hubert R. Knickerbocker (1898-1949), escritor y corresponsal de la International News Service del grupo Hearst. Ganador del Premio Pulitzer de Corresponsalía en 1931, llegó a España poco después del inicio de la guerra. Si bien en un principio mostró una clara simpatía hacia la causa sublevada, las tensiones con la censura y las autoridades franquistas deterioraron rápidamente esa relación, hasta el punto de ser arrestado y finalmente expulsado del país. Sobre Toledo destacó cómo los defensores todavía mantenían sus armas dispuestas y limpias después del duro y largo asedio a pesar de encontrarse ya Franco en la ciudad.

El periodista H. R. Knickerbocker en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
El periodista H. R. Knickerbocker en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.

Junto a este, con boina y chaqueta negra, el fotógrafo y periodista Hans Georg von Studnitz, personaje muy curioso a quien ya tratamos en una entrada específica. Podéis leerla aquí.

Hans Georg von Studnitz en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936
Hans Georg von Studnitz en Toledo.

En los siguientes fotogramas, con cámara Rolleiflex, el poeta y redactor británico de Reuters Christopher Holme (1907-1991). Es recordado por su papel informativo del bombardeo de Guernica en abril de 1937, ya que fue de los primeros en describir la magnitud de la tragedia a los medios internacionales.

El corresponsal de Reuters Christopher Holme en las ruinas del Alcázar de Toledo
El corresponsal de Reuters Christopher Holme en las ruinas del Alcázar de Toledo.

Ya en el patio del Alcázar el general Franco dio su discurso rodeado de defensores, oficiales, soldados y periodistas. Los camarógrafos, entre ellos Arthur Menken (1903-1970) de AP y Paramount News, captaron todas la escenas.

El camarógrafo Arthur Menken en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.
El camarógrafo Arthur Menken entre los defensores del Alcázar de Toledo en 1936. 

A la salida, mientras Franco avanzaba entre defensores, a paso lento y detrás de él, podemos ver a su ayudante de campo, el teniente coronel de Artillería Carlos Díaz-Varela Ceano Vivas (1884-1977).

El teniente coronel Carlos Díaz-Varela, ayudante de Franco, en las ruinas del Alcázar
El teniente coronel Carlos Díaz-Varela, ayudante de Franco, en las ruinas del Alcázar de Toledo.

Seguidamente más periodistas, el portugués Artur Portela (1901-1959, enviado especial del Diário de Lisboa, y quien destacó sobre su experiencia aquel día: «La emoción es enorme. Todos lloran, incluso el propio Franco». Junto a él, asomándose y mirando a cámara, el redactor y fotógrafo Leopoldo Nunes de O Século, responsable de la conocida imagen de Franco junto a Moscardó y Artur Portela entre ambos militares. Ese mismo instante fue captado por el reportero gráfico de El Heraldo de Aragón Marín Chivite (1900-1978), quien parece encontrarse detrás de los portugueses en el fotograma de HMN mientras escribe unas notas y lleva su cámara en la mano (existen muy pocas fotografías de Marín Chivite y el parecido es bastante razonable).

Artur Portela, Leopoldo Nunes y Marín Chivite en las ruinas del Alcázar de Toledo
Artur Portela, Leopoldo Nunes y Marín Chivite en las ruinas del Alcázar de Toledo en 1936.

Entre los militares y otros asistentes destacados junto al general Franco, además del coronel Moscardó y el general José Enrique Varela, se encontraban en el patio del Alcázar los tenientes coroneles Carlos Díaz-Varela y Francisco Franco Salgado-Araujo, ambos ayudantes de campo del general Franco. En el mismo fotograma el comandante Mohammed ben Mizzian, Luis Bolín, un emocionado José Millán-Astray, el jefe provincial de Falange José Sainz Nothnagel, y el ayudante de campo del general Varela el comandante Antonio García de la Vega entre otros.

Grupo de defensores junto al general Franco y otros oficiales del Ejército de África en el patio del Alcázar
El general Franco junto a oficiales y defensores del Alcázar de Toledo en el patio de la fortaleza. 
El comandante García de la Vega y el teniente coronel Carlos Díaz-Varela en el Alcázar de Toledo
El comandante García de la Vega y el teniente coronel Carlos Díaz-Varela en el Alcázar de Toledo.

Y para finalizar, una de las curiosidades más sorprendentes. Entre los presentes llama la atención un hombre vestido de esmoquin, situado junto a los defensores y a los integrantes de la columna Varela. Tras un largo tiempo de especulaciones, se ha llegado a la conclusión de que se trata nada menos que de Perico Chicote (1899-1977), el célebre y mítico barman madrileño. Este se encontraba en el extranjero en julio de 1936 (diferentes fuentes lo ubican en París y otras en Londres), aunque poco después se estableció en San Sebastián hasta que pudo regresar a Madrid en 1939, pero esa es otra historia.

Grupo de defensores, soldados y el general Franco en las ruinas del Alcázar de Toledo
Francisco Franco sale del patio del Alcázar de Toledo. Al fondo, el barman Perico Chicote.

Varias imágenes del camarero Perico Chicote en Toledo
Perico Chicote en los años 30 (BNE) / El barman Chicote en el patio del Alcázar de Toledo.

**Actualización 25 de septiembre de 2025: 

Victor Girona Hernández ha identificado también entre los oficiales al comandante Joaquín Ríos Capapé en el patio del Alcázar el 29 de septiembre de 1936. En las imágenes está justo detrás del general Varela.

El comandanta Joaquín Ríos Capapé en el patio del Alcázar de toledo en 1936
El comandante Joaquín Ríos Capapé en el patio del Alcázar de Toledo en 1936. 

Este artículo tiene un carácter exclusivamente histórico y documental. No pretende glorificar a ninguna de las figuras ni hechos mencionados.

La guerra civil en color. Parte III

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Los camiones

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Durante los días 19, 20 y 21 de julio, las órdenes del gobierno republicano al coronel Moscardó eran el rápido envío de municiones de la Fábrica de Armas de Toledo a Madrid.


"Por la mañana llamaron por teléfono al Coronel Comandante Militar desde Madrid, diciendo lo hacia el Jefe de Servicio del Ministerio de la Guerra, y ordenando se enviasen a "Madrid todas las municiones disponibles en la Fábrica, previa la requisa de camiones, no cumplimentándose esta orden, por esperar su confirmación por telegrama cifrado, dada la gravedad de la ordenado."
Diario de operaciones del Alcázar de Toledo - 19 Julio 1936.


El coronel tras negarse varias veces utilizando todo tipo de recursos para ganar tiempo, insistió con diferentes excusas como podemos leer en el libro ''La defensa del Alcázar de Toledo'' de Jose Mª Barranco Gil. 


"- ¿De dónde voy a sacar los camiones necesarios para transportar esta gran cantidad de
cartuchos? En nuestro poder sólo hay un par de camiones viejos.
La respuesta no se hizo esperar:
- Hoy sale hacia Toledo el número suficiente de camiones para que, sin pérdida de tiempo,
transporten el material hacia Madrid."

"Los camiones llegaron apenas transcurridas dos horas del anuncio de su llegada.
 En aquel momento, el coronel Moscardó debía jugarse el «todo por el todo».
 En presencia suya y de Soto (militar encargado de la fábrica),
los camiones fueron cargados, pero, al iniciar el viaje de vuelta, conminados los conductores por
la orden del jefe,- el cargamento equivalente a setecientos cincuenta mil cartuchos quedó en el
Alcázar, continuando el resto viaje a Madrid."


Seguramente alguno de esos camiones que no volvieron a Madrid y que subieron hasta las inmediaciones del Alcázar fueron requisados por los milicianos en los días siguientes (incluyendo los camiones que utilizaron los grupos de la guardia civil para llegar a Toledo de los cuales varios fueron reutilizados por los sublevados como barricadas y amontonados para taponar pasos en los alrededores del Alcázar).


Camiones atravesados al final de la Cuesta de Carlos V durante las primeras semanas del asedio.

Detalle.

También desde Madrid, partió en camiones y vehículos requisados la columna de Riquelme, formada por unos 2500 hombres entre guardias de asalto, dos compañías de infantería y varios grupos de milicianos madrileños además de una batería de 105 mm.



Repartiendo comida desde un camión en el Paseo del Miradero.

El pintor Luis Quintanilla también nos relata hechos donde menciona unos camiones que el mismo había mandado desde el Cuartel de la Montaña con tropas de infantería.


"En los primeros días del caluroso agosto de 1936, por orden del Ministerio de la Guerra, envié a Toledo una compañía de ciento cincuenta hombres adiestrados y armados en el Cuartel de la Montaña; la mandaba un ex guardia de asalto ascendido a teniente. Los cinco camiones que les llevaron no regresaban, a pesar de nuestras llamadas telefónicas, y la contestación de que lo harían al día siguiente, me decidí ir a Toledo."



En esos primeros ''pacíficos'' días del asedio, las calles estaban abarrotadas de milicianos, que fusil en mano charlaban entre ellos, fumaban, dormitaban, jugaban a las cartas y muy ''poca'' acción parecía verse entre sitiados y sitiadores.


"Unos milicianos de los que mandamos del Cuartel de la Montaña, me reconocieron y saludaron. Les pregunté por los camiones, y me contestaron que todos estaban muy contentos con ellos, pues iban a los pueblos de la provincia a buscar comestibles, vino y buen pan."


Después de encontrarse con el comandante Uribarri (el autor se confunde en el texto y nombra a Ulibarri) que era el oficial al mando del sitio a la fortaleza, Quintanilla comunicó su intención de volver a la capital con los camiones. 


"Dije a Ulíbarri que aquella tarde volverían los camiones al Cuartel de la Montaña, y casi me suplicó de rodillas que no lo hiciese, pues era la principal diversión de los milicianos que no estaban de servicio en el cerco del Alcázar; esperar su regreso con los variados comestibles, regalados por los campesinos en fraternidad con los combatientes contra el fascismo. 
Ya habían escrito en los camiones "Unión de Hermanos Proletarios".
 Le repliqué a Ulíbarri que mejor servicio prestarían en la movilización de Madrid, y sin discusión saldrían delante de mi los camiones.``


Camiones aparcados en la calle Taller del Moro.
En uno de ellos se puede leer en su lateral las iniciales UHP.
Unión de Hermanos Proletarios.

Detalle de la inscripción en uno de los camiones.


Los camiones volvieron a Madrid ese mismo día junto al coche de Luis Quintanilla.


"Formada la caravana de los cinco camiones, salieron delante de nosotros camino de Madrid. Fuera de Toledo les pasamos."


El modelo de los camiones de la fotografía es muy probable que sea un Ford AA Mod.1929.


Restauración de un Ford AA Mod. 1929 por el Grupo de Recreación Histórica del Ejército del Ebro.


http://eventosportalhistoria.blogspot.com.es/2012/12/ejercito-del-ebro-restaura-un-ford-aa.html


Las minas. 18 Septiembre 1936

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Hoy hace 77 años de este importante hecho y vamos a tratarlo desde los diferentes testimonios de ambos bandos.

Diario de Operaciones del Alcázar de Toledo
          18 de Septiembre de 1936

A las 6,31 cuando llevaban disparadas 36 granadas, se oye una detonación más fuerte seguida de muchísimo humo negro, que invadió todos los locales, y hace creer a todo el mundo ha sido un cañonazo en sus inmediaciones; se comprueba acto seguido ha sido la explosión de dos minas, que ha derribado el Torreón S. O. y casi toda la fachada O., más todas las casas de los frentes O. y S. en su mitad derecha.




Después de varias semanas de perforación, los dos túneles para ambas minas ya están listos. Los motores de las perforadoras siguieron funcionando para despistar a los defensores que, conociendo perfectamente los trabajos de perforación, podían calcular más o menos cuando sería el momento indicado que harían explosión las minas.


´´Del primero al último de los defensores, llevaban desde la noche anterior esperando el
momento temido. Hacía unas horas que los trabajos subterráneos habían terminado. Habían
cesado las explosiones de los barrenos, todo ruido, ya no había perforación, ni se escuchaba el
arrastre de los cajones con la carga mortífera de trilita.``
La defensa del Alcázar de Toledo - José Mª Barranco Gil.


Voladura de las minas el día 18 de Septiembre de 1936.
*Explosión en maqueta para la película Sin Novedad en el Alcázar.


En el mes de agosto se habían comenzado las perforaciones de los túneles llevados a cabo uno por anarquistas de la CNT y otro por la UGT.


"Para mayor eficacia y ganar tiempo se puso en competencia un grupo de perforadores de la UGT y otro de la CNT, los cuales, alternándose día y noche, no descansaron durante 25 jornadas completas. La rivalidad de los dos grupos tomó carácter deportivo, arbitrado por el comandante de los Mozos."
Los rehenes del Alcázar deToledo - Luis Quintanilla.






La orden de maniobra después de la explosión, consistía en atacar por dos sectores. Por el norte, atacaría una compañía de guardias de asalto y un batallón de las Milicias de Toledo a las ordenes del comandante Madroñero y por el sur, los guardias de asalto bajo el mando del comandante Torres así como varios batallones de milicianos. La población civil fue evacuada de madrugada a las afueras de la ciudad y fueron espectadores desde los montes y cigarrales que rodean Toledo de la explosión y el posterior asalto. 

Dentro del Alcázar, los defensores en los puestos de observación contemplaron la evacuación. sSabían que poco tiempo quedaba para la explosión de las cargas bajo el subsuelo de la fortaleza.



"Toda la población no combatiente alcazareña dormía en aquella hora. 
También lo hacían los que habían terminado su turno de servicio hacía pocas horas. 
El resto estaban en pie, anhelantes y plenamente conscientes 
del momento que les estaba designado vivir."
La defensa del Alcázar de Toledo - José Mª Barranco Gil


Los defensores en alguna salida nocturna habían intentado paralizar los trabajos de la mina que se encontraban en la calle Juan Labrador.


"Los participantes en la salida llevaron instrucciones
concretas, incendiar y destruir la casa de la calle de Juan Labrador; para ello portaban seis
Laffite, unas diez granadas incendiarias, y varias botellas de gasolina con un tapón de mecha dispuesto a prenderse en el momento del lanzamiento."
La defensa del Alcázar de Toledo - José Mª  Barranco Gil.



Largo Caballero y los principales dirigentes del gobierno acudieron a la cita de la explosión de la mina así como un buen número de corresponsales de prensa nacional y extranjera.


Fragmento de prensa de The New York Times.

A las 6:30 de la mañana  la artillería seguía actuando sobre la fortaleza hasta que pasados unos minutos las baterías de Carrero en la dehesa de Pinedo dieron alto el fuego.



"Todos miramos con detención al Alcázar. Sentimos una especie de trepidación atmosférica, de repente vimos, en la parte interior próxima al oeste, un agudo reflejo luminoso que se envolvió de humo negro, llegando hasta nosotros el prolongado retumbar de un trueno."
Luis Quintanilla - Los rehenes del Alcázar de Toledo


"Toda la mole de piedra pareció conmoverse, como si fuera a estallar en mil pedazos. El
humo denso y acre permitió a poco ver cómo, después de aquellos minutos horribles, la vida
continuaba en torno a ellos. El milagro se había producido .
Entre las piedras y los hierros retorcidos, surgía la voz del compañero, del amigo,
consolidando el gozo de un momento insuperable bajo todos los aspectos. Fueron unos instantes
en que todo se confió a la improvisación. Todos estaban en pie de guerra y por primera vez,
aquellas mujeres que salían de los sótanos a la luz de un día manchado por el odio, cooperaron
en trabajos que nunca les había sido permitido llevar a cabo."
La defensa del Alcazar de Toledo - José Mª Barranco Gil.




Entre diez y veinte minutos después de las explosión y extinguido el humo que ocultaba los restos, los republicanos se lanzaron al ataque cautelosamente, el silencio daba a imaginar que los sitiados habían sido aniquilados o que habían perdido toda iniciativa de defensa.


"El enemigo llegaba fresco y bien pertrechado, para lanzarse por entre los escombros del
torreón noroeste y, procedentes del zigzag, coronar aquel punto. Llovían sobre los defensores las
granadas lanzadas por el techo de las galerías y de las habitaciones del frente Oeste, y hacía
falta emplear todo nuestro coraje para conseguirlo."
La defensa del Alcázar de Toledo - José Mª Barranco Gil.



Los escombros del torreón sudoeste fueron un obstáculo para los atacantes y un parapeto perfecto para los defensores que se escondía y abrían fuego desde ellos. El ataque fue un completo fracaso pues aunque los milicianos llegaron a tomar algunas partes y estancias del edificio, los sublevados contraatacaban retomando las posiciones perdidas. Cuando se había conquistado bastante terreno y en el interior del Alcázar ya se posicionaban grupos de asaltantes, llegó una inexplicable orden de retirada para dejar que la artillería abriera mas brechas por donde asaltar los restos del edificio. Los milicianos se retiraron con el miedo de ser alcanzados por su propia artillería perdiendo así las magnificas posiciones que habían conquistado. La orden partió del comandante Germán Madroñero ,que mandaba el grupo de asalto norte y resultó ser un saboteador en zona republicana durante toda la contienda. Faltan solo 9 días para la entrada de las tropas de Franco en Toledo.

En este vídeo se puede ver la voladura de la minas con imágenes de ataques desde Zocodover y Hospital de Santa Cruz.

Aquí también podéis encontrar muy buena información sobre este día 18: 

Milicianos en Zocodover (II)

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Las salidas nocturnas de los defensores hizo que se colocaran en el mes de agosto unos potentes reflectores en Zocodover, plaza de la Magdalena y más tarde desde el Castillo de San Servando que iluminaban toda la fortaleza y sus aledaños.


"....puesto que en Zocodover empezaron a funcionar aquella noche unos potentes reflectores, 
que iluminando la cuesta del Alcázar, 
dificultaban notablemente todo movimiento nocturno por allí."
La defensa del Alcázar de Toledo - José Mª Barranco Gil.


Milicianos disparan desde las ventanas del Hotel Domus, antes Fonda Nueva en la plaza de Zocodover.


Los milicianos conocedores ya de la aproximación de las columnas de Varela que se habían desviado hacia Toledo en su camino para tomar Madrid, aceleraron los trabajos subterráneos para la colocación de las minas. El paqueo se hacía más intenso ahora incluso por la noche gracias a los reflectores, el movimiento de milicianos ansiosos de entrar y sacar a los rebeldes era incesante.


Milicianos en la plaza de Zocodover . Septiembre de 1936.


Plaza de Zocodover

Las columnas de los soportales de la parte sur de la plaza se utilizaron como protección contra los disparos de los defensores. Cuesta imaginar que hace tan pocos años, la plaza de Zocodover fuera primera línea de un frente de guerra.



Milicianos en Zocodover - Cuesta del Alcázar  (actual Cuesta Carlos V)


Miliciana en Plaza de Zocodover - Travesía Barrio Rey 

"La observación acusó la entrada de unos autos, al parecer con reflectores, lo que así fue, pues sobre las 21 emplazaron unos que iluminaban todo el Alcázar desde el N., suponiendo seria para tirar de noche, como fue así efectivamente."
 Diario de operaciones del Alcázar de Toledo 
9 Septiembre de 1936.