Parece que las historias más increíbles de la Guerra Civil española ya han sido contadas. Que se han agotado los recuerdos y vivencias de quienes sufrieron el conflicto entre 1936 y 1939. Sin embargo, los pequeños relatos, aquellos que incluso son como un guion de una película, todavía deben ser rescatados. Esta es la historia de Ángel Martínez Herranz, Matías Sanz Ruano y Víctor Palomino, tres niños toledanos que quisieron madurar muy rápido debido a la guerra presente en las cercanías de la ciudad.
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| Los tres niños toledanos que abandonaron sus casas para ir al frente de Madrid. Imperio, 01/04/1937. |
El 1 de abril de 1937, el diario nacional sindicalista Imperio informaba en primera página sobre la fuga de sus casas de tres niños «flechas» toledanos que buscaban unirse a las tropas sublevadas en el frente. El suceso ocurrió la tarde del martes 30 de marzo cuando los jóvenes se subieron a un camión de transporte de tropas que se dirigía a las posiciones cercanas a Madrid. «Testigos oculares manifiestan que los flechas emprendieron el camino cantando alegremente y siendo coreados por el resto de los ocupantes».
Según el diario, Ángel Martínez Herránz (1922) era un estudiante de 14 años que ya se había escapado varias veces de casa con el objetivo de enrolarse como legionario. La primera vez llegó a la Ciudad Universitaria donde participó en los combates hasta que fue reconocido por un amigo de su familia. Tras advertirle este que debía regresar a Toledo, el niño comentó, completamente sucio, lleno de barro y con un fusil en el parapeto: «Repelo el ataque como un hombre más y eso debe bastarte». Por otro lado, sabemos que Ángel Martínez era hermano de Mariano Martínez Herránz (1921), quien llegó a ser un destacado constructor años después (bio del Ayto. de Toledo aquí). Sus padres eran Mariano Martínez Moreno y Julia Herránz Sáez. El matrimonio tuvo seis hijos, y Mariano y Ángel eran los pequeños. A finales de 1937, ambos pertenecían al Sindicato Español Universitario.
Matías Sanz Ruano (1922) contaba con 14 años también. Su padre Pedro Sanz García (1880) era natural de Molinos de Razón (Soria) y había sido profesor de dibujo geométrico en la Escuela de Artes. En 1936 obtuvo destino en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla. En abril de ese año fue asesinado en una calle sevillana por unos ladrones armados que Pedro Sanz intentó detener (más info aquí). Imperio destaca que al chico no le permitían alistarse ni ser corneta en Sevilla, pero decidió montar controles en las carreteras junto a la Guardia Civil. Estuvo a punto de entrar en Toledo con las tropas de Varela unido a fuerzas falangistas en 1936. Una vez que finalizó el asedio, regresó con su familia desde Sevilla a Toledo. Sanz Ruano se unió a la Legión de Flechas donde llegó a ser jefe de centuria. Después de acabada la guerra, ingresó voluntario en la División Azul. A su regreso, entró en la Escuela de Artes de Toledo en los cursos 1948-1949 y 1949-1950 como ayudante de Gramática y Caligrafía.
Vicente Palomino Jiménez era un conocido joven camisa azul de carácter impulsivo que desde antes de la guerra se enfrentaba con otros chicos de las JSU. En presencia de los milicianos durante el asedio del Alcázar, Palomino saludaba militarmente durante los himnos patrióticos que emitían las emisoras de zona nacional. Por esto recibía azotes como castigo y llegó a ser amenazado de muerte. Una vez finalizado el asedio, Vicente Palomino se puso a las órdenes del capitán Vela Hidalgo, además de escaparse en varias ocasiones al cercano frente del campamento de Los Alijares hasta que fue reclamado por sus padres. A finales de 1936, Palomino ya era jefe del Cuartel de Flechas y alumno de cuarto curso en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Toledo. Tras la guerra en España se alistó también a la División Azul. Su hermano mayor era Ángel Palomino, quien posteriormente fue un reconocido periodista, escritor y miembro académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.
Debido a la aventura de los jóvenes toledanos, el propio Jefe provincial José Conde publicó una nota donde rogaba a las autoridades militares y milicias nacionales la detención de los flechas. Ademas, en vista de que otros flechas de Toledo veían con asombro y admiración la gesta, Falange Española defendía que la vida de los jóvenes falangistas debía centrarse en torno al cuartel, el culto a la Patria y al hogar, y los servicios técnicos de aprendizaje para formar parte del futuro Ejército nacional: «de ninguna forma el flecha debe practicar la guerra porque esta es cosa surgida entre hombres y entre hombres ha de quedar liquidada».
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| Ruego de José Conde, Jefe provincial de Falange, para la detención de los flechas toledanos. |
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| Relación de flechas para el turno de 9 a 3 de la madrugada en el hospital de sangre. |
Semanas después desfilaron por la plaza de Zocodover con sus banderas cuando el frente se había estabilizado. Muchos de estos niños fueron posteriormente personalidades reconocidas de Toledo y su provincia en el ámbito de la educación, la cultura, el periodismo y la política.
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| Desfile de Flechas en Toledo en mayo de 1937. Fotos Imperio. |






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